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miércoles, 22 de septiembre de 2010

KARL

LA TRAGEDIA


Devastación, desolación, pobreza, tristeza, soledad, miseria, frustración, enojo, desesperanza, impotencia. Estos son solo algunos de los sentimientos que han aflorado en los últimos días cuando veo lo que ha quedado de mi querido Veracruz. Jamás en mi vida había vivido de cerca la inclemencia, la violencia y la fuerza destructora de un huracán. No se lo deseo a nadie.

Karl se ensañó con mi tierra y con mis paisanos; destruyó todo lo que encontró a su paso. Ha dejado más de un millón de damnificados sin más propiedades que la esperanza en la ayuda externa, sin más posesión que las promesas de las autoridades.

Veracruz es una zona hasta hora “protegida”; el diseño geográfico del Golfo de México nos brinda cierta seguridad, pues es muy raro que un huracán pegue de lleno en nuestras costas. Por lo regular sólo nos tocan “las colitas” o los rebotes de estos meteoros. En junio pasado el paso del huracán Alex que azotó de lleno a la ciudad de Monterrey y otras ciudades del norte de México nos dejó sin comunicaciones durante varios días. A finales de agosto las intensas lluvias azotaron sin piedad a la zona sur del estado, dejando miles de damnificados en las ciudades de Tlacotalpan Minatitlán y Coatzacoalcos; y apenas 3 semanas después, cuando Tlacotalpan aún seguía sufriendo la inundación de su centro histórico y alrededores, nos llega Karl, con una violencia feroz, con vientos sostenidos de 180 kilómetros por hora y rachas de 220 kilómetros por hora, desbordando todos los ríos principales de la zona centro del estado y dejando más de 180 municipios literalmente bajo el agua.

LA INCONSCIENCIA

Nuestra experiencia particular fue preocupante. Nosotros jamás habíamos experimentado la fuerza de un huracán. Cuando Stan azotó mi ciudad hace 5 años, nosotros no vivíamos aquí, y antes de eso, solo podemos recordar uno, que azotó Veracruz cuando tampoco estábamos en la ciudad. De tal manera que el jueves 16, cuando vimos en la noticias que Karl se aproximaba y amenazaba con pegar en la zona de Úrsulo Galván a unos cuantos kilómetros de Veracruz, sinceramente ni siquiera nos preocupamos, no nos preparamos, no hicimos nada.

El viernes llegó, e incluso mi marido salió a su trabajo aún bajo la lluvia. Para las 11 de la mañana, cuando ya los vientos comenzaban a ser amenazantes y las ramas de los árboles comenzaron a caer. Fue cuando comencé a tomar conciencia de lo que empezábamos a vivir. El transformador explotó a los pocos minutos y nos quedamos sin luz; la señal del teléfono se perdió también, el nivel del agua comenzó a subir; nuestra casa comenzó a hacer agua por el techo y por las ventanas.

4 HORAS.

240 minutos de intensos vientos e incesante lluvia duró el paso del huracán; y después la calma. Una calma ficticia que más tarde entendimos, seguro se burlaba de nosotros en silencio. Había que salir a comprar víveres y agua. Había que comunicarse con los familiares; todos bien, afortunadamente. . . o casi todos. . . o casi bien.

Como la luz no se restableció, no había manera de saber cómo estaba la ciudad (nunca en mi vida había caído en la cuenta de cuán importante y útil puede ser un radio de baterías, incluso puede salvar vidas). Esa noche la pasamos a oscuras, pero seguros y tranquilos de que solo había sido una experiencia estresante, pero pasajera e inofensiva. Qué equivocación.

LO PEOR

El sábado lo pasamos casi todo el día sin energía eléctrica, y alrededor de las 5 pude comunicarme con mi madre para saber cómo estaban y para avisar que si seguíamos sin luz, nos iríamos a dormir esa noche a su casa; ahí comenzó la pesadilla. Mi madre me comentó angustiada que no sabían nada de mi hermana que se encontraba sola antes, durante y después del huracán. Comenzamos a preocuparnos pues ella vive en una zona que de manera común se inunda y supusimos que tal vez se habría puesto a cargar muebles o cosas por el estilo, temiendo que le hubiera dado algún mareo, dolor, sufrido algún golpe o cosas por el estilo. Mi marido tomó la determinación de ir caminando hacia su casa para saber qué había sucedido y cómo estaba.

A partir de esos momentos todo se sucedió de una manera vertiginosa. La luz regresó y lo primero que hago es poner las noticias en la televisión. No puedo describir lo que sentí cuando comencé a ver lo que había sucedido en la zona conurbada de Veracruz y Boca del Río. Parecía una zona de guerra, sólo que tenía una peculiaridad: estaba más de dos metros bajo el agua. Zonas inmensamente pobladas como Puente Moreno, Arboledas San Ramón y Playa de Vaca eran solamente visibles por sus techos. Todo estaba bajo el agua. El problema principal no habían sido los vientos huracanados, sino las intensas lluvias que dejó el huracán en las zonas altas del estado. Esto provocó que hubiera un golpe de agua terrible que desbordó ríos de una manera que no se había visto en decenas y decenas de años, y lo peor de todo es que lo hizo de noche. San Pancho, La Antigua y Cotaxtla prácticamente desaparecieron en sus zonas cercanas a los ríos. Carreteras, terrenos agrícolas, ganado, puentes, todo perdido y arrasado por el agua.

Había alarma de peligro para otras dos zonas de la ciudad: los fraccionamientos Flores del Valle y Floresta, éste último, lugar donde vive mi hermana. Las autoridades estaban alertando a la población de esos fraccionamientos a evacuar de manera urgente, pues el golpe de agua desbordaría un canal que se encuentra justo en medio de estas dos zonas residenciales. Entonces vino la preocupación apremiante, ¿dónde está mi hermana y por qué no contesta los teléfonos?

Primero puede comunicarme con mi hermano y él me dijo que ya se había puesto en contacto con ella y que la convenció de evacuar y abandonar su casa. Ahora lo urgente era localizar a mi esposo para que ya no llegara hasta el domicilio de mi hermana. Lo que él relata es para poner los pelos de punta: el agua a las rodillas, personas abandonando sus casas, la caravana de autos evacuando la zona, todo sin energía eléctrica, y lo peor de todo: la pesadilla apenas estaba comenzando. En apenas 5 o 6 horas, al nivel de agua cubrió por completo autos y hasta casas de un solo nivel. Miles de familias perdieron todo lo que tenían.

Las maniobras de rescate se hicieron difíciles debido a la misma inundación, había que conseguir lanchas, pues los helicópteros no tenían zonas secas para poder aterrizar. Comenzaron a hacerlo en los techos de las casas, pero para continuar haciéndolo tenían que ser helicópteros pequeños, pues los de la armada y ejército que tienen más capacidad, no podían maniobrar ni aterrizar en espacios tan pequeños. Fue una labor de hormiga. Nosotros vivimos prácticamente cerca de las zonas dañadas (a unos 500 metros del Floresta y a unos 3 kilómetros de Puente Moreno y Arboledas San Ramón. Así que desde el sábado hemos escuchado pasar a los helicópteros una y otra vez durante todo el día y parte de la noche, haciendo sus labores de rescate.

Una vez más me he convencido de una cosa: hasta para la tragedia hay que tener “timing”. Si se le antoja suceder algo terrible en fin de semana ya nos fregamos. Lo mismo sucedió cuando el sismo de Baja California: ni una sola noticia hasta el domingo por la noche. Yo tuve que verlo todo por internet. Pues acá no fue la excepción. Solo las noticias locales cubrieron la tragedia durante todo el sábado y domingo. En las nacionales, nada fue más importante que el futbol, el box o los reality shows. Esa es nuestra triste realidad. Hasta el lunes fuimos lo suficientemente “importantes” para merecer un espacio en las noticias nacionales e internacionales.

OTROS PROBLEMAS

Los alimentos han escaseado, los actos de rapiña se han multiplicado, los establecimientos han sido saqueados, como generalmente ocurre en estos casos, con cosas que ni siquiera son necesarias para la supervivencia, como refrescos embotellados, cigarros o cervezas. Hay comerciantes que no se tientan el corazón para subir los precios de los alimentos y agua embotellada, vendiendo ésta por ejemplo en 100 pesos un garrafón de 20 litros, cuando originalmente sólo vale 23 pesos; algunos tripulantes de las lanchas que cobran por rescatar, etc.

El aspecto sanitario también comienza a ser factor determinante. Toneladas de basura se ven flotando en los ríos urbanos en que se han convertido las calles y avenidas, junto con animales muertos en pleno estado de descomposición y las aguas negras desbordadas amenazan con cundir de infecciones a la población.

Hasta ahora han sido 12 muertos. Hay muchos desaparecidos y pérdidas materiales que aún no se pueden contabilizar. La población depende de la ayuda gubernamental, pero también de la ayuda social. Estoy segura que si buscan un poco en internet encontrarán muchas maneras de ayudar, si pueden. Por lo pronto sólo se me quedó grabada una: cuenta 3030 de BANAMEX, sucursal 100. Por cada peso que donen, la institución bancaria donará otro más para la ayuda al estado. Hasta ahora todavía no cuento con señal de internet en mi casa, por eso no puedo darles más datos, ojalá algunos de ustedes puedan ayudar, pues de verdad ha sido una tragedia de grandes proporciones lo que nos ha sucedido.

Por ahora me despido, deseando que todos se encuentren bien, y esperando que pronto pueda estar ya en contacto regular con todos ustedes, queridos amigos a quienes extraño muchisisisisísimo. Espero de igual manera que la próxima vez, tenga yo mejores noticias. Les agradezco su ayuda, su amistad y por supuesto sus oraciones para mí, mi familia y mis paisanos que tanto las necesitan.