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lunes, 18 de enero de 2016

UN DOMINGO DE VINO NUEVO



De manera regular, yo creo que las lecturas en la Santa Misa SIEMPRE tienen  algo que decirnos, pero lo que sucedió con las de este domingo me han dejado el alma llena  y el corazón rebosando de alegría.
Primero que nada, tuvimos la misa para celebrar el cambio de equipo de sector del MFC y recibimos esto en la segunda lectura:
“Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común” (Corintios 14, 4-7)
Y es increíble que nos diga esto el Señor tan directamente, ya que precisamente de esto se trata el hecho de trabajar para el MFC, cada quién en lo suyo, cada quién en su área, trabajando para el bien común: dar a conocer el Reino de Dios.
Parte del equipo del Sector Veracruz Sur
Todos tenemos “un don”, que fue dado precisamente por Dios y Él nos está pidiendo que pongamos ese don a Su servicio, por eso, desde nuestra humilde trinchera, veremos la forma de cooperar de la mejor manera posible para ponernos en Sus manos y permitirnos ser sus instrumentos y que se manifieste el Espíritu para el bien común.
Por otro lado, aunque el Evangelio nos toca fuertemente los corazones porque somos un movimiento familiar cuya base por supuesto es el matrimonio, ha resultado la “diosidencia” de que hoy celebramos el aniversario número 62 de mis señores padres. Y como es natural, hemos acudido a dar gracias a Dios por esto.
El Evangelio nos habla de las bodas de Caná y aunque ya es bastante conocida la relación que hay entre la Palabra de Dios y la manera en que debemos de llevar un matrimonio santo, la verdad es que cada vez que la escuchamos, el Señor se las arregla para decirnos algo nuevo.
Para beneplácito nuestro, el sacerdote que ofició nos ha dado un sermón hermoso, resaltando los ingredientes que cada matrimonio debe tener y además, la manera en que están relacionados Jesús y María con nosotros.
Ya tenemos muy sabido que gracias a María y a su intercesión, Jesús obró su primer milagro aun cuando “no era su hora”, pero María nos dejó un mandato hermoso: “hagan lo que Él les diga”. Y cuando Jesús convirtió el agua en vino, al final del Evangelio se lee “y sus discípulos creyeron en Él”.
La manera en que debemos llevar esto a nuestro matrimonio es a tomar el modelo de obediencia de Jesús hacia su madre, el modelo de cuidado y protección de María hacia los novios y como esposos, ser el ejemplo que permita a nuestros hijos, los “discípulos” que con nuestro testimonio, crean en Él, se acerquen a Él y decidan seguirlo siempre.
Damos gracias a Dios que nos permite seguir aprendiendo, seguir reflexionando, seguir renovando nuestros votos cada vez que escuchamos a servidores suyos como estos sacerdotes que nos hablan fuerte y claro acerca de la Palabra y la ponen a nuestro alcance y entendimiento.
Ciertamente no ha sido un camino fácil; ha habido muchas altas y bajas, muchos momentos difíciles, pero el amor, el cariño, la comprensión, la paciencia ha hecho que esos momentos pasen a segundo término porque a la luz de estos 62 años, para ellos hay muchas cosas que han “desaparecido del mapa” para dejar solamente los momentos importantes, los significativos, los que han contribuido a formar un matrimonio fuerte, sólido y ejemplar para muchos de nosotros.


Gracias a Dios por estos 62 años; gracias a Dios por mis padres, por su salud, por su entrega, por sus errores, por su buen humor, por sus fortalezas, por sus carencias, por su alegría, por sus enseñanzas, por su ayuda, por su solidaridad, por su confianza, por ser ellos y por estar en nuestras vidas siempre presentes, siempre sosteniéndonos.
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