Google+ Followers

domingo, 31 de marzo de 2013

FUERA DE LUGAR



A veces pienso que no tengo la fuerza para ser seguidora de un equipo de futbol.
No entiendo cómo siendo mujer, me puede gustar tanto ese deporte, lo puedo disfrutar con mucha pasión, gusto, interés; pero no puedo ser capaz de proferir insultos, burlas o cosas peores en contra de los rivales, quienes quieran que éstos sean.
Durante el juego me apasiono por completo, me transformo, se me salen alguna que otra palabra más grande que las comunes (palabrotas), pero debo decir con toda honestidad que éstas pueden ir dirigidas al rival, al árbitro o a mi propio equipo.
No soy una aficionada “regular” porque puedo ver con total objetividad cuando mi equipo está jugando mal o cuando el rival está jugando bien.
Cuando perdemos por méritos del rival, soy capaz de reconocerlo; cuando perdemos porque no se hicieron bien las cosas, primero los insulto y después me enojo porque no tuvieron “pantalones” para hacer las cosas bien, pero no recurro a los infantiles recursos de decir que los otros se robaron el partido ni mucho menos.
Los árbitros son unos ineptos, sí; pero lo son para los dos lados. Yo no pienso que ese árbitro les quitó dos goles “legítimos” a mi equipo porque los otros le pagaron, o porque apostó dinero y así le convenía.
A veces pienso que para ser aficionado, debo tener a flor de piel esas prácticas cavernícolas que se veían en las caricaturas viejas, donde los hombres se golpean sin ton ni son y cuando uno sale vencedor se golpea el pecho y grita como hombre-mono, pela los dientes, y atemoriza a los que lo rodean para “demostrar” que no cabe la menor duda que es el vencedor o el más fuerte. Lo peor de todo es que en la actualidad, estas prácticas no se quedan en los cavernícolas ¡perdón! en los hombres, sino que también “el sexo débil” se ha agregado –para ratificar la igualdad de género que tanto sudor nos ha costado alcanzar, o cuando menos rasguñar-. De tal suerte que en foros, redes sociales y cualquier otro medio que se permita, antes, durante y al finalizar el partido, salen todos los hombres y mujeres del paleolítico a tirarse todas las armas conocidas y por conocer a la cabeza del contrincante sin importar si perdí o gané, si es justo o injusto, olvidándose por completo de si fue un buen partido o no. Ahí es donde ya no embono en el perfil del aficionado “regular” de hoy día. A mí me gusta el futbol por el futbol mismo. Disfruto mucho un buen partido aun cuando mi equipo pierda o empate y reniego totalmente del juego aun cuando mi equipo gane, si no hizo los méritos suficientes para merecerlo.
Hace apenas unos minutos, acabo de darme de
baja de una página de internet donde supuestamente apoyan al América –mi equipo-. Hoy ganamos el clásico de clásicos en mi país y los insultos, abusos, burlas, no se hicieron esperar; eso no es para mí. Sobre todo si tomamos en cuenta que las Chivas jugaron muy bien el primer tiempo y que tuvieron la desgracia de tener tres lesionados y un expulsado. Cosa que no fue culpa ni del rival, ni del árbitro.
Desde pequeños nos enseñan, que cuando jugamos un deporte, debemos aprender a saber perder, reconociendo en el rival, su superioridad del momento, su buen desempeño, su estrategia, etc. Pero igual de importante debe ser saber ganar; respetar el rival, valorar su esfuerzo, entender su sentir del momento, y celebrar, sí; pero no a costa del otro. Para ser grande –si se siente uno así- hay que tener la humildad necesaria para saber portar esa grandeza con dignidad. Me apena ver mucha gente querida envueltos en la inercia que generan los medios de comunicación y que en definitiva, no les permite apreciar un juego que –se supone- está dentro de sus favoritos.


En resumen, a veces me siento fuera de lugar, pero no puedo evitar disfrutar con todas mis ganas, un buen partido de futbol, sin importar los equipos que jueguen, el país que representen o quien gane o quien pierda. Simplemente por el placer de deleitarme con lo que considero el deporte más hermoso del mundo.

viernes, 29 de marzo de 2013

♫ SIERVO DOLIENTE ♪

En este Viernes Santo, les comparto este video de la hermana Inés de Jesús, a quien acabo de conocer, al igual que los otros artistas que les he comentado antes.
Una breve reflexión con música acerca de la Pasión de Cristo que hoy recordamos.




jueves, 28 de marzo de 2013

HOMILIA PAPA FRANCISCO MISA CRISMAL 2013

¡Cómo me gustan las Homilías así! Cuando enseñan, educan, preparan. Cuando te hablan directo al corazón. Me recuerdan tanto a mi párroco David Barbosa (qepd) escuchar un homilía suya era una catequésis segura.
Ahora, con el papa Francisco, tengo la seguridad de que no me voy a enredar con palabras que no entienda o que tenga que recurrir al diccionario para poder tener el panorama completo del mensaje. Y mejor ni hablar de aquellos -que los hay- que se la pasan hablando de cosas políticas en vez de hablarnos al corazón de los fieles.
Cada vez me gusta más, me siento mas cerca; escucharlo o leerlo, es para mí un bálsamo para el alma.



Queridos hermanos y hermanas





            Celebro con alegría la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. Os saludo a todos con afecto, especialmente a vosotros, queridos sacerdotes, que hoy recordáis, como yo, el día de la ordenación.

            Las Lecturas nos hablan de los «Ungidos»: el siervo de Yahvé de Isaías, David y Jesús, nuestro Señor. Los tres tienen en común que la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos... Una imagen muy bella de este «ser para» del santo crisma es la del Salmo: «Es como óleo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento» (Sal 133,2). La imagen del óleo que se derrama, que desciende por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unción sacerdotal que, a través del ungido, llega hasta los confines del universo representado mediante las vestiduras.

             La vestimenta sagrada del sumo sacerdote es rica en simbolismos; uno de ellos, es el de los nombres de los hijos de Israel grabados sobre las piedras de ónix que adornaban las hombreras del efod, del que proviene nuestra casulla actual, seis sobre la piedra del hombro derecho y seis sobre la del hombro izquierdo (cf. Ex 28,6-14). También en el pectoral estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel (cf. Ex 28,21). Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires, que en este tiempo son tantos.

            De la belleza de lo litúrgico, que no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado, pasamos a fijarnos en la acción. El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza «las periferias». El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón.

            Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo, esto es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas. Y cuando siente que el perfume del Ungido, de Cristo, llega a través nuestro, se anima a confiarnos todo lo que quieren que le llegue al Señor: «Rece por mí, padre, que tengo este problema...». «Bendígame padre» y «rece por mí» son la señal de que la unción llegó a la orla del manto, porque vuelve convertida en petición, petición del pueblo de Dios. Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición, a veces inoportunas, a veces puramente materiales, incluso banales – pero lo son sólo en apariencia – el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. Intuir y sentir como sintió el Señor la angustia esperanzada de la hemorroisa cuando tocó el borde de su manto. Ese momento de Jesús, metido en medio de la gente que lo rodeaba por todos lados, encarna toda la belleza de Aarón revestido sacerdotalmente y con el óleo que desciende sobre sus vestidos. Es una belleza oculta que resplandece sólo para los ojos llenos de fe de la mujer que padecía derrames de sangre. Los mismos discípulos – futuros sacerdotes – todavía no son capaces de ver, no comprenden: en la «periferia existencial» sólo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. Lc 8,42). El Señor en cambio siente la fuerza de la unción divina en los bordes de su manto.
            Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir nuestra vida sacerdotal pasando de un curso a otro, de método en método, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás; a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada.

            El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo «nada» porque gracias a Dios nuestra gente nos roba la unción se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor «ya tienen su paga», y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón. De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con «olor a oveja», y esto os pido, sed pastores con olor a oveja, pastores en medio de su rebaño, y pescadores de hombres. Es verdad que la así llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilización; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes. Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir allí donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción – y no la función – y resultan fecundas las redes echadas únicamente en el nombre de Aquél de quien nos hemos fiado: Jesús.

            Queridos fieles, acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios.

            Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora. Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido. Amén.

Y LO SIGUIERON SUS DISCÍPULOS

¡Me dice tanto esta imagen acompañando al versículo del Evangelio!


Los discípulos lo siguieron, como de costumbre. Pero apenas aprehendieron a Jesús, el miedo pudo más y salieron despavoridos por distintos rumbos.
Ahora ya sé que al final, Pedro lo siguió a la distancia, Juan también y hasta los pies de la Cruz, pero en aquel momento ¡qué solo dejaron al Señor!
Y me da por pensar que yo muchas veces lo he dejado solo; que cuando he señalado a los apostóles por haberlo hecho, no me he dado cuenta de que yo, en muchas ocasiones, ni siquiera lo acompaño hacia el monte a orar; que estoy dormida permanentemente y que al menor inconveniente, salgo más veloz que cualquiera de ellos.
A veces me siento como aquellos que en el monte Tabor se sentían super a gusto y querían quedarse ahí a vivir, pero que en el Monte Calvario brillaron por su ausencia.


♪ DELANTE DE TI ♫


En este Jueves Santo, quise compartir 10 minutitos en compañía de Jesús Sacramentado. Cuando me faltan las palabras, el sentimiento aflora con la música. Para quienes se sientan indentificados, acá les dejo:

DELANTE DE TI
Martín Valverde.






martes, 26 de marzo de 2013

EL MATRIMONIO EN EL PLAN DE DIOS



Me encontré esto en el Facebook, y he querido compartirlo.


1602 La Sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26- 27) y se cierra con la visión de las "bodas del Cordero" (Ap 19,7.9). De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su "misterio", de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación "en el Señor" (1 Co 7,39) todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (Cf. Ef 5,31-32).

"Si tienes problemas con la definición de 'MATRIMONIO', habla con Dios.      Él fue quien lo definió"  
 

Y que conste que yo no ataco a nadie, yo simplemente defiendo lo que creo, respeto lo que está dicho por Dios y trato –en la medida de mis fuerzas humanas e imperfectas- de ser lo mas coherente que se pueda.

*Fuentes: Catecismo de la Iglesia Católica
                 Católicos Firmes en su Fe

SON BY4

Hoy me toca presentarles a SON By4 con esta canción que se llama CATÓLICO SOY.



lunes, 25 de marzo de 2013

LA PRUEBA DE JOSÉ

(Mt 1, 18-25) 
¡Cuánto puedo aprender hoy del buen José! No alcanzo a imaginarme la de cosas que han de haber pasado por su cabeza, y sin embargo optó por lo más justo, además de obedecer fielmente el mandato que Dios le dio por medio del ángel. Me falta mucho para acercarme siquiera. Ni soy justa, ni sé ver las señales del cielo que me han de llegar a montones; ni soy obediente, ni sé callar fielmente como lo hizo José al igual que María: sin cuestionar el accionar del Padre, sin rebelarse, sin escabullirse. 



Mi hija: "Mamá, ¿cómo murió San José?"
Yo: "Pues no lo sé hija, los Evangelios no lo mencionan"
- ¿Y nadie lo sabe?
- Pues la última vez que se le menciona en el Evangelio es cuando el niño Jesús se pierde y sus padres lo encuentran en el templo. Algunos estudiosos dicen que pudo haber muerto a causa de un accidente de trabajo.
- ¿Y es cierto que en la Biblia José no dice ni una palabra?
- Pues sí, creo que es cierto. No recuerdo que esté registrado nada en boca de José.
- ¡Uy, pues qué callado!  :)

Y me quedo pensando un rato: y sí, qué callado el buen José, pero qué importante su participación en el cuidado de Jesús y de María.   

sábado, 23 de marzo de 2013

BRILLA ♪ ♫


Últimamente he andado conociendo artistas católicos nuevos. Me da mucho gusto que cada vez más jovenes entusiastas se inclinen por grabar alabanzas para Dios, porque por medio de su ejemplo, se pueden acercar más jovenes a conocer el Camino, la Verdad y la Vida que representa Jesús para nosotros.
Acá les presento ahora a un cantante llamado Ivan Diaz. Yo lo acabo de conocer, espero que lo disfruten tanto como yo.


Esta vez no encontré la manera de insertar el video, pero les dejo el enlace para que lo disfruten en Youtube


Ivan Diaz

viernes, 22 de marzo de 2013

CARA Y SELLO DE UNA MISMA MONEDA


Tengo en conocimiento este texto desde hace unos días. Pensaba 
publicarlo ahora (marzo 13), pero los Cardenales en el Vaticano "me ganaron" y las noticias sobre S.S Francisco han opacado mis ganas de compartirla. Sin embargo, no quiero dejar de hacerlo y la programaré para algunos dias mas adelante.

Benedicto XVI y Juan Pablo II, cara y sello de una misma moneda

Por: JUAN GOSSAÍN | 8:44 p.m. | 19 de Febrero del 2013




Escobar asegura que el Papa empezó a preguntarse, como san Pedro: "¿Estaré perdiendo las fuerzas?

Gossaín explora sus vidas con el profesor Guillermo Escobar, colombiano que los conoció a los dos.

Han corrido ríos de tinta, cataratas de palabras y océanos de imágenes desde el día en que el papa
Benedicto anunció su retiro.

La prensa y las redes sociales del mundo entero coinciden al afirmar que la curia vaticana y la burocracia eclesiástica le hicieron la vida imposible.

Fue entonces cuando me hice las primeras preguntas: ¿Existe realmente esa confrontación entre el papa y sus compañeros?

¿Por qué empezó? ¿Cuándo empezó? Resolví salir en busca de alguien con la autoridad suficiente para explicármelo. Lo encontré a la vuelta de la esquina.

"El problema se inició hace diez años", me dice de entrada el profesor Guillermo León Escobar, uno de los escasos colombianos que conocieron bien a los dos papas más recientes.

Por siete años fue embajador de Colombia en la Santa Sede, desde hace quince años es catedrático de ciencia política en la legendaria Universidad Gregoriana de Roma (donde estudian los sacerdotes que habrán de convertirse en obispos) y en los últimos cinco años ha ejercido como consultor del Pontificio Colegio de laicos, por nombramiento que le hizo el propio Benedicto, con quien se reunía una vez al mes hasta cuando presentó su renuncia.

"Hace diez años estaba comenzando el escándalo de pederastia que implicó a numerosos sacerdotes en varios países. Llegaron los primeros requerimientos judiciales. El papa Juan Pablo II dio una orden terminante a sus asesores: 'La Iglesia no entrega a sus hijos a la justicia humana, para que hagan escarnio de ellos', y ordenó, simplemente, que los acusados se trasladaran a otro lugar".



Pasaron apenas dos años. Juan Pablo murió en olor de santidad. El cardenal Joseph Ratzinger, que ejercía como presidente de la Sagrada Congregación de la Fe, nada menos, se convirtió en Benedicto XVI. "A los pocos días de haberse posesionado, les dijo a sus colaboradores: 'La Iglesia está en la obligación moral de entregar los criminales a la justicia'. Usó esa palabra exacta: criminales. Desde entonces han sido arrestados alrededor de cien sacerdotes, dos cardenales y una docena de obispos. Muchos de ellos continúan en la cárcel".

A partir de ese momento, el armazón del poder interno se sublevó contra el papa. "Cómo será de grave la situación que, hace unos cuantos días, después de presentar su renuncia, se reunió en privado con la curia romana. Les dijo: 'Admiro mucho en ustedes la gran capacidad que tienen para denunciar los pecados, siempre y cuando sean pecados ajenos' ".

De manera, pues, que Benedicto se va porque, como él mismo ha dicho, a los 85 años edad ya le faltan fuerzas para semejante tarea. "Pero también se va porque lo agobian las intrigas a su alrededor", comenta el profesor Escobar. "No olvide usted que Ratzinger es alemán: los alemanes son gente solitaria, y el Papa ha padecido siempre la soledad del poder".

Sumadas todas esas razones, Benedicto se convierte en el primer pontífice que renuncia espontánea y voluntariamente en más de dos mil años de historia. En total se han retirado seis papas, pero los cinco casos anteriores ocurrieron por las amenazas de los emperadores de su época o porque había dos papas al mismo tiempo, y uno de ellos tuvo que renunciar.

Vidas paralelas

Ya que los conoció a ambos y trabajó con ellos, los sucesos que está relatando me llevan a preguntarle al profesor Escobar cómo podría hacerse un paralelo entre los dos últimos papas. ¿Qué era en realidad lo que los distanciaba? ¿Había algo que los acercara?

"Eran muy distintos, pero eran cara y sello de una misma moneda. Juan Pablo era un genio de la comunicación, lo que hoy se llamaría un genio mediático, que cautivaba de inmediato a la prensa y las masas. Nadie aceptó nunca un debate público con él porque sabían de antemano que era una causa perdida. Benedicto, en cambio, es negado para la prensa, es un hombre de debate, de profundidades académicas, que discute a diario con medio mundo.

Juan Pablo era un santo; Benedicto es un intelectual. Por eso, ahora que se va le deja de herencia a la Iglesia, como si él fuera una versión moderna de santo Tomás de Aquino, la nueva Summa Teológica para el tercer milenio".

Cuando llegó al pontificado, Juan Pablo II descubrió de inmediato que la Iglesia católica, como institución, atravesaba por un grave problema de imagen. "Se fue en peregrinación a recorrer el mundo entero. Benedicto, por su parte, comprendió que el asunto principal de su papado era la profundización de la doctrina. Juan Pablo vivía a gusto rodeado de gente. Benedicto era un papa solitario".

Ahora sí entiendo la diferencia: Juan Pablo era un hombre sencillo y elemental, de la estirpe de san Pedro, un humilde pescador de Galilea. Benedicto es un pensador de cultura exquisita, como san Pablo, a quien tanto admira. ("¿Cómo se explica usted", pregunta Escobar, "que un alemán, un alemán, por Dios, pueda hablar el italiano con esa dulzura suya, que se ha vuelto tan famosa? Es la cultura, naturalmente". Tiene razón: los alemanes siempre hablan como si lo estuvieran regañando a uno. Salvo el papa).

Las dos orillas del Evangelio

En promedio, Guillermo León Escobar permanece ocho meses al año en Roma. Pero en este momento está disfrutando de un año sabático en Colombia, dedicado a ordenar su casa de Bogotá, organizar su biblioteca y visitar a los amigos que había perdido de vista. Por eso puedo conversar con él a pierna suelta. Le pregunto qué tan profundas llegaron a ser aquellas divergencias entre Juan Pablo II y el entonces cardenal Ratzinger.

"Siempre las hubo. Recuerdo lo que pasó una noche en que Ratzinger salía de una reunión con el papa en la casa de campo de Castelgandolfo. Un sacerdote latinoamericano que también estaba allí se lo quedó mirando, perplejo, porque para nosotros cualquier discrepancia es pelea, y le dijo: '¿Usted por aquí, cardenal?

¿Ustedes dos no son enemigos? Con la misma voz suave y afectuosa que ha tenido toda la vida, le contestó: 'No, no somos enemigos. Somos las dos orillas de un mismo río, la una frente a la otra. Lo que nos une, ese río que pasa por la mitad de nosotros, es el Evangelio' ".

Eran hombres superiores, qué duda cabe, y por eso los dos sabían que sus criterios dispares no eran excluyentes, sino complementarios. La verdad completa, al fin y al cabo, se construye con pedazos de verdad que aportan los que piensan distinto a uno, no los que piensan igual.

Las alas del mismo pájaro

Lo sabían tan claramente, y se respetaban tanto en medio de sus diferencias de criterio, "que un día Juan Pablo le pidió a Ratzinger que escribieran a cuatro manos la célebre encíclica Fe y razón. Vea usted: el papa escribió la parte de la fe y el cardenal la parte de la razón. Eso define a la perfección lo que era cada uno".

Los desacuerdos entre los dos hombres llegaron a ser tan célebres, que por aquellos mismos días alguien le preguntó a Ratzinger cómo había sido posible que hubiera escrito con Juan Pablo el texto de la encíclica. No volvió a repetir la metáfora de las dos orillas de un mismo río, "pero le respondió con otra belleza. 'Si usted observa un pájaro detenidamente' -le dijo- descubrirá que nunca mueve un ala primero y la otra después, porque podría caerse. Para poder volar mueve las dos alas al mismo tiempo. La Iglesia es el pájaro. Juan Pablo y yo somos sus dos alas. Nos movemos juntos para que siga volando. Él es la fe y yo soy la razón' ".

El profesor Escobar guarda un instante de silencio que no me atrevo a romper. Está luchando con la nostalgia de sus mejores recuerdos. Mira por el balcón a un par de alcatraces que vuelan sobre el mar de Cartagena. Mueven ambas alas al tiempo. Entonces se vuelve hacia mí, y exclama:

"Cuando los conoces a ambos, Juan Pablo te deslumbra el alma y Benedicto te estremece el cerebro".


 http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/religion/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12605504.html



jueves, 21 de marzo de 2013

DOÑA PRIMAVERA




Hoy entra la primavera, y además de cambiarle la vista a mi blog, les comparto esta sencilla pero hermosa poesía de Gabriela Mistral .

 
Doña Primavera
viste que es primor,
viste en limonero
y en naranjo en flor.

Lleva por sandalias
unas anchas hojas,
y por caravanas
unas fucsias rojas.



¿Cómo va a encontralas
junto de las fuentes
de espejos dorados
y cantos ardientes?

De la tierra enferma
en las pardas grietas,
enciende rosales
de rojas piruetas.

Pone sus encajes,
prende sus verduras,
en la piedra triste
de las sepulturas... 


Doña Primavera
de manos gloriosas,
haz que por la vida
derramemos rosas:

Rosas de alegría,
rosas de perdón,
rosas de cariño,
y de exultación.

Salid a encontrarla
por esos caminos.
¡Va loca de soles
y loca de trinos! 


 
Doña Primavera
de aliento fecundo,
se ríe de todas
las penas del mundo...

No cree al que le hable
de las vidas ruines.
¿Cómo va a toparlas
entre los jazmines?


miércoles, 20 de marzo de 2013

AYUDAR ESTÁ DE MODA



Hay una publicidad en la radio actualmente que dice: “Ayudar está de moda” y cada vez que la escucho me pregunto: “¿desde cuándo ayudar es cuestión de moda?” ¿O sea, que tal como las tendencias en la ropa, zapatos y accesorios, “la moda de ayudar” cambia con las estaciones del año? No sé, supongo que la intención es buena, pero a mí hay algo que no me cuadra cada vez que la escucho.

Debido a estos eventos de beneficencia que se hacen continuamente, es que a mí siempre me ha asaltado la duda de si son honestos o no. No porque no esté segura si donan el dinero a las instituciones correspondientes, sino que me parece que las empresas no dejan de lado sus conveniencias financieras y se avocan más a la publicidad que a la donación. Es decir, si alguien puede llegar a pagar miles de pesos por un concierto, ¿por qué no mejor dona esos miles de pesos directamente a quienes lo necesitan? Si lo recaudado va a ser para donar alimentos a los pobres, ¿cómo es posible que tú pagues miles de pesos por ir a cenar caviar, pato, champaña, etc.?

A propósito de esto, hace unos días acabo de ver en Internet un video sobre una teleconferencia que dio el entonces Cardenal Jorge Bergoglio para los integrantes de Cáritas. Creo que él puede ser más claro y elocuente que yo.