Google+ Followers

sábado, 27 de febrero de 2010

TIEMPO DE SOLIDARIDAD

Todo mi corazón, atención y mis oraciones están con nuestros hermanos y amigos chilenos. Como ya les he dicho de manera personal, espero de todo corazón que esta situación no llegue a niveles superiores.
Para todos los hermanos en los paises vecinos que también se encuentran en zona de riesgo, van también mis mejores deseos para que esta tragedia no los alcance.
Están en mis oraciones.

viernes, 26 de febrero de 2010

SEGUNDO JUEVES DE CUARESMA.

II. TIRO AL BLANCO CONTRA EL EGOISMO.

La predicación de Cristo está centrada en la lucha contra el egoísmo. Es por eso que su doctrina resulta muchas veces dura y difícil de aceptarse.
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la salvará” (Lc. 9, 23-24).
Aquí habla, nada menos, de “negarse a sí mismo y de perder su vida”.
También en el Evangelio de San Mateo vemos recalcado este concepto, invitando hasta a renunciar a los afectos más humanos: “El que ama a su padre  o a su madre más que a mí, no es digno de mi; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mi… El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt. 10, 37-39).
El evangelista San Juan aumenta la dosis diciendo que el amor más grande consiste en dar su propia vida: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn. 15, 13). Esta afirmación, Cristo la valoriza enseñándola con el testimonio de su propia vida.
Todo esto puede aparecer como exagerado, o como enseñanza que vale solamente para algunos y no para todos los seres humanos. Si reflexionamos un poco, nos percatamos que no es así.
Sin duda, nadie de nosotros admite que el egoísmo es una virtud. Todos criticamos a los que actúan con nosotros movidos por el egoísmo. No creo que haya hombres que quieran vivir con personas egoístas. Todos los criticamos y rechazamos. Esta conducta es común a todos. No hace falta buscar muchos argumentos para demostrarlo.
Lo raro, lo difícil y hasta lo absurdo es constatar cómo hay pocos que se esfuerzan en dominar su propio egoísmo o exigir escuelas para enseñar la necesidad que tiene la humanidad de aprender a luchar contra el propio egoísmo.
¿Por qué criticamos o hasta aborrecemos a los que manifiestan ser egoístas, y no hacemos nada para dominar el nuestro?
Sabemos que el egoísmo consiste en contentar el propio ego, sin importarnos el bien de los demás. Se trata de una inclinación perversa que todos tenemos, y que para controlarla, necesitamos hacernos violencia, hasta adquirir un cierto hábito.
La civilización actual es muy traicionera, porque siendo una sociedad consumista, no hace otra cosa que contentarnos en nuestros gustos y en crear en nosotros, necesidades superfluas que engordan nuestro egoísmo.
Deleitados por todo lo que nos proporciona esta sociedad, nos alejamos cada vez más de los valores del evangelio y caemos en la trampa del más vivo y mordaz egoísmo.
La civilización del consumo nos ha hundido en todo tipo de vicios y aberraciones. No solamente excluye la virtud, sino que nos deshumaniza cada vez más. No nos importan los demás. Lo que vale es lo que nos conviene. Los ideales de justicia, amor y paz, si se nombran todavía, son expresiones sin contenido, o palabras para esconder lo que realmente somos.
El egoísta es un ser irracional y voraz. Irracional en cuanto que no quiere razonar, sino que usa de la razón para devorar. Es un hombre desequilibrado. Y si la mayoría de los hombres es así, la conclusión es que la sociedad está desequilibrada. Es por eso que la tercera parte de la humanidad, es decir, una de cada tres personas está enferma de hambre. Por eso hay gente que se alcoholiza o se droga, mientras que otras no tienen para comprar una medicina. Y como consecuencia, la sociedad se va volviendo cada vez más agresiva e insatisfecha.
El querer probarlo todo, no solo lastima la vida de los demás, sino que perjudica terriblemente la propia existencia. El egoísta, de hecho, prueba momentos de gozo y llora una vida acosada por el vacío y la desesperación.
Hay que hacer un alto en la vida, para reconocer el grave error en que ha caído la humanidad al ofrecer una vida fácil y llena de gozo para terminar en la tragedia de la desesperación y del suicidio.
La doctrina de Cristo es dura y exigente, pero es la única que da sentido y gusto a la vida de los hombres que la viven.
Hace falta reestructurar un nuevo estilo de formación humana, si queremos salvar esta sociedad que va a la deriva. Para que esa reestructuración sea eficaz, hay que empezar a leer y entender el evangelio de Cristo nuestro Señor.

Pensamientos:
1.      “El hombre que lucha contra su egoísmo, alcanza la meta de la felicidad”
2.      “Alimentar el egoísmo es envenenar la propia vida”
3.      “Cuanto más nos complacemos a nosotros mismos, más insatisfechos y más llenos de amargura quedamos”

Preguntas:
1.      ¿Estás convencido de que el egoísmo es la causa de todo mal en la vida de los hombres?
2.      ¿Qué podemos hacer para reemprender el camino del Evangelio y  enseñarlo a los demás?
3.      ¿Cuáles serían para ti, los ejemplos más claros de egoísmo en los que hemos caído como sociedad?


Oración:
Señor, sé que renunciar a mí mismo para hacer Tu voluntad es el camino más seguro para realizarme como hijo tuyo. No obstante, me doy cuenta que muchas veces esta ley es dura y difícil de observar.
Solamente con tu ayuda yo puedo lograrlo: no me dejes solo en este combate contra el egoísmo.
Te lo pido Padre Santo, por Jesucristo, tu Hijo y Señor Nuestro, quien nos enseñó el camino.
P. Luis Butera

jueves, 18 de febrero de 2010

PRIMER JUEVES DE CUARESMA

Este día quisiera compartir con ustedes una reflexión del Padre Luis Butera.

I.   ACEPTAR EL DUELO DEL REINO DEL MAL

El hombre no es un ser cualquiera, una planta o un animal, sino una persona, es decir: un ser racional que puede distinguir lo que es bueno y lo que es malo, lo que es provechoso y lo que le es dañino. Por eso con frecuencia se encuentra en una encrucijada en la cual debe escoger entre lo que es positivo o negativo, sea para sí mismo, como para los demás. El hombre se encuentra entre valores y antivalores. Esto le exige muchas veces, un esfuerzo, una lucha para no dejarse llevar por lo que es aparentemente bueno y sustancialmente pernicioso.
Nuestro Señor, como hombre, se encontró muchas veces en esa encrucijada. Un ejemplo claro lo tenemos en las conocidas tentaciones que nos relatan los evangelistas (Mt. 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13).  Aquí es el mismo demoño quien propone a Jesús su forma de sentir la vida. Pero Él lo rechaza, negándole así todo derecho de tomar la iniciativa en su vida.
El demonio le prospecta un falso mesianismo hecho de milagros clamorosos, como transformar las piedras en pan, lanzarse de lo alto del templo con la certeza de ser salvado, conquistar el dominio político de todas las naciones.
Jesús rechaza las tentaciones diciendo NO:

1.      1. A la fácil prosperidad material, porque lo primero que hay que “buscar es el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6, 33).
2.      2. A la ambigua popularidad obtenida por el milagro espectacular (Jn. 6, 26-27), porque no se debe instrumentalizar a Dios en provecho propio.
3.     3. A la ambición del poder temporal, porque la verdadera liberación, nace del corazón.

Su ser de Hijo de Dios se manifiesta no en la posesión, en la exhibición de poderes y dominios, sino en el servicio humilde, en el don de sí mismo, en la cruz.
Se trata, como se ve, de una propuesta de Satanás que va en contra del plan de Dios. Cada vez que se nos presenta una vida contraria a los valores evangélicos, hay que rechazarla como tentación que viene del demonio, aunque tenga apariencia científica o de color de modernidad. Por experiencia sabemos que esta sabiduría humana ha llevado a la humanidad a la deriva y a la desesperación. Con razón San Pablo nos dice que la “locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres; y la debilidad de Dios es mucho más fuerte que la fuerza de los hombres” (I Cor. 1, 25).
Es fundamental en la historia de la humanidad y en la de cada hombre la comprensión de la aparente sabiduría de los hombres y la aparente locura de Dios. Es suficiente pensar en la primera tentación de la humanidad: “La mujer vio que el árbol era apetitoso, que atraía la vista y que era excelente para lograr la sabiduría” (Gén. 3, 6). Por eso comió e hizo partícipe también a Adán. Las consecuencias de esa caída son de conocimiento común.
La invitación de Cristo, no la tentación engañosa, tiene otra vista y otro sabor: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt. 16, 24).
En esta propuesta vemos verdades despojadas de todo adorno y deleite, austeridad de vida y suma sabiduría. Todo lo que se opone a estos principios hay que estimarlo engaño y traición.

Pensamientos:
1.     1. “Vivir es luchar contra las fuerzas del mal. El que no lucha, el que duerme, está vencido”. (Czo. 427)
2.     2. “No basta evitar lo que es malo, sino que debemos vivir intensamente lo que es bueno” (Czo. 837)
3.     3. “La mortificación no es un suicidio, es un sistema para fortificar la voluntad” (Ap. P. 176)

Preguntas:

1.      1. ¿Estás convencido de que todo lo que se te presenta en contra de los valores evangélicos es perjudicial?
2.      2. ¿Aceptas este tiempo de Cuaresma como un ejercicio de mortificación en todo lo que es deleite para fortificar tu espíritu?
3.      3. ¿Qué haces para que los valores evangélicos que son los únicos que benefician al hombre, sean conocidos por los demás?

Oración:

Señor, entiendo que la vida es una lucha constante y la acepto. Pero muchas veces me falta el ánimo para luchar y las fuerzas para proseguir luchando hasta el triunfo. Siento, a veces, que las fuerzas enemigas son superiores y tengo miedo de desfallecer. En la hora más dura del combate, no me dejes solo.
Te lo pido Padre Santo por los méritos de Jesucristo nuestro Señor y por la intercesión de nuestra santísima madre, la Virgen maría.


jueves, 11 de febrero de 2010

15 ANIVERSARIO

Un día como hoy, pero de 1995, mi esposo y yo emprendimos un viaje por la vida. Sacamos un boleto de ida para dos personas y nos embarcamos con mucha ilusión, con muchas ganas, con muchos ánimos, pero con poca madurez.
Tomamos nuestros boletos y nos subimos a ese tren con las maletas llenas de sueños y esperanzas; solo que nos encontramos con un problema inmediatamente: ninguno de los dos sabía por completo qué era lo que el otro traía en su equipaje. Más tarde que temprano nos quisimos bajar en la siguiente estación, dejando de lado nuestra promesa de llegar hasta el destino final juntos, unidos, acompañados.
Durante el tiempo que estuvimos estancados en esta estación desconocida, que no habíamos incluido en nuestros planes, nuestra vida se tornó oscura, insegura, indescifrable. Ninguno de los dos sabía qué sería de nosotros y de nuestra relación. El tiempo se nos hizo eterno, pero dice el dicho que “no hay mal que dure cien años”, y después de 18 meses de estancamiento, de no saber si planear una ruta distinta o quedarse para siempre en esa estación en la soledad, decidimos reemprender el viaje juntos, pero ahora sí comprometidos, ahora sí compartiendo nuestros pensamientos, nuestras dudas, nuestros defectos y nuestras virtudes. Sabiendo a ciencia cierta qué tantas cosas había en el equipaje del otro (bueno, casi todo).
Y desde ahí hasta la fecha, nuestra vida ha sido un constante viajar, un continuo caminar; algunas veces en pendientes muy duras de superar y otras tantas por campos hermosos, los que ha sido un deleite recorrer y conocer.
A lo largo de este viaje también hemos conocido personas nuevas: dos pasajeros más abordaron junto con nosotros para hacer de nuestro recorrido una interesante, extenuante pero sumamente  divertida excursión. Dos pequeñitas que nos sorprendieron por completo, pues en algún momento se nos había asegurado que, para desdicha nuestra, sería prácticamente imposible permitir el abordaje de ningún pasajero extra. Sin embargo estas chicas que llegaron por sorpresa, fueron invitadas directamente por el Maquinista en Jefe, de tal manera que las recibimos con una gran alegría y todo nuestro amor.
Hoy celebramos nuestro 15 aniversario de este viaje por la vida. Contentos, realizados, con buenas y malas rachas, pero aprendiendo, siempre aprendiendo y queriendo hacer del viaje de nuestras hijas el más feliz y disfrutado.
¡Salud por nosotros! Y que sean muchos, muchos años más.
Gracias a Dios y a la Sagrada Familia que nos han acompañado y fortalecido.

miércoles, 10 de febrero de 2010

SÓLO EN MÉXICO


Yo normalmente no hablo ni opino de política. Principalmente porque no sé nada de nada.
Pero de lo que sí sé, es de la manera en que los diputados sangran al pueblo, disfrutando del dinero que nosotros les pagamos y haciendo sus espectáculos denigrantes que envilecen el recinto en el que "trabajan" y avergüenzan al pueblo mexicano.
Me gustaría saber si este tipo de cosas suceden en sus países, aquí les copio esta nota.

¿Qué son los Plurinominales?
Son llamados diputados plurinominales a aquellos que son elegidos de forma plurinominal, es decir, legisladores que no son elegidos por el voto directo de los ciudadanos, sino de acuerdo a su orden de inscripción o voto interno por su partido en las listas de candidatos plurinominales.
La cámara de diputados está compuesta por 300 diputados de elección popular y 200 plurinominales. Cada partido entrega una lista de los candidatos. De ésta forma pueden llegar a la cámara sin que se vote por ellos de manera arbitrariamente.
La Cámara de Diputados de México es la cámara baja del Congreso de la Unión. Se compone de representantes de la Nación, que son 500 diputados electos en su totalidad cada tres años, por cada uno de los cuales se elige además un suplente. Su sede es el Palacio Legislativo de San Lázaro.
La Cámara de Diputados esta integrada por 300 diputados electos según el principio de votación mayoritaria relativa, mediante el sistema de distritos electorales uninominales, y 200 diputados que serán electos según el principio de representación proporcional, mediante el sistema de listas regionales, votadas en circunscripciones plurinominales.
La demarcación territorial de los 300 distritos electorales uninominales les será la que resulte de dividir la población total del país entre los distritos señalados. La distribución de los distritos electorales uninominales entre las entidades federativas se hará teniendo en cuenta el último censo general de población, ningún estado puede tener menos de dos Distritos electorales uninominales.
Autor: Pedro Ferriz de Conhttp://www.noalospluris.com.mx

martes, 9 de febrero de 2010

SOLO LOS AMADOS, AMAN


Parece mentira que a pesar de todos los años vividos en un grupo parroquial, de todos los estudios y experiencias junto a Cristo, cada vez que pienso y medito acerca del amor de Dios, tengo una sensación que me abruma.
Estamos acostumbrados desde pequeños a “trabajar” para ganarnos el afecto de los demás. Hay que comer bien para que mamá esté contenta, hay que limpiar nuestra habitación para que papá no se enoje, hay que ser bueno y educado para que los demás nos aprecien, hay que ser respetuoso para que los amigos y compañeros de trabajo nos valoren y quieran estar con nosotros.
¿Y con Dios? ¿Cómo hay que ser con nuestro Padre para que nos ame más?
Nada, nosotros no podemos hacer nada para que Dios nos ame menos y nada para que Dios nos ame más.
Él simplemente me ama porque soy su hija; sin condiciones, gratuitamente. No tiene razones para amarme.
La clave de mi relación personal con Dios no consiste en amar a Dios, sino en dejarme amar por Él.
En la medida en que yo me deje amar por Él, aprenderé a amar a los demás. Reflejaré hacia mis hermanos el amor de mi Padre, de la misma manera en que la luna refleja la luz del sol; no es su luz, sino la del sol, pero nos la refleja a nosotros de una manera suave, tenue, hermosa. Que hace que la admiremos y la disfrutemos, pero sin olvidar que es de alguien más grande de quien procede esa luz.
Así debo ser yo, un reflejo tenue y suave del amor de mi Padre. Pero para poder hacer eso debo dejarme amar, porque “sólo los amados, aman”

lunes, 8 de febrero de 2010

Y SUBIÓ A LA BARCA DE PEDRO


Este domingo, el Evangelio de Lucas (5, 1-11) nos hizo pensar un poco en las vocaciones sacerdotales (por lo menos sobre eso habló nuestro párroco), pero en mi misal venía una reflexión que me ha gustado mucho y he querido compartirla hoy con ustedes.

Y SUBIÓ A LA BARCA DE PEDRO

Jesús vio dos barcas junto a la orilla y subió a la de Pedro, y desde allí enseñaba a la multitud.

* Cristo quiso, pues, enseñarnos su doctrina desde la barca de Pedro.
* En esto tiempos no solo hay dos barcas, sino cientos de embarcaciones desde las que se pretende enseñar a las multitudes.
* Un buen día se nos presentan en la puerta de nuestra casa los Testigos de Jehová… y nos dejan sus revistas.
* Otro día, son los mormones quienes quieren enseñarnos su religión.
* Y no faltan ocasiones en que se  nos acerque en la calle una persona vestida con una túnica budista o que en alguna estación de autobuses nos repartan propaganda de otra secta.
* Y esto para no hablar de esa otra “barcota” (llamada tv) que casi todos tenemos en casa, y desde la que diariamente se nos quiere enseñar a ver la vida y sus problemas (el aborto, la sexualidad, las relaciones sexuales extramatrimoniales o prematrimoniales, el divorcio, el control de la natalidad,…) con ojos muy diferentes a los de Cristo.
En la orilla había entonces dos barcas y ahora hay otras muchas, pero a la que quiso subir Cristo para enseñarnos su doctrina, fue a la de Pedro y a la de sus sucesores, los Papas.

jueves, 4 de febrero de 2010

A SACAR AGUA DEL POZO


Hace muchos años aprendí a hacer oración. Y la aprendí bien, la practiqué bien durante mucho tiempo. Una de las cosas que más me apasionaba eran los grupos de oración. Pertenecí y dirigí uno durante casi 10 años.
Esos momentos de compartir, de orar individual y grupalmente, dieron muchos frutos. Frutos espirituales y frutos visibles.
Pero el tiempo pasó, el grupo se desintegró, y lógicamente, al igual que el atleta que deja de ejercitarse, la voluntad, la condición, la práctica, el espíritu se nubló ante la vorágine de la vida.
He seguido haciendo oración, sí. Y yo misma pensaba que estaba bien, que había aprendido bien y que de hecho, cada vez que hablaba con mi Padre, decía y externaba todo lo que yo sentía; y cuando se trataba de escuchar, pues no lo hacía del todo mal. Pero en estos días, acabo de re-aprender cómo es el asunto con el dialogo con mi Padre.
Hasta hace poco la situación era como cuando yo era joven y me acercaba a mi papá: “¿Qué onda pa´? (saludo). Oye, ¿me das dinero? (petición). Vale, gracias (agradecimiento). Bye”
Apresurada, sin preparación, sin silencio, sin entrega, sin compromiso.
Hoy he comenzado a recordar tantas cosas aprendidas hace muchos años, que me hicieron sentir, tener una experiencia de Dios propia; iniciar una relación personal con mi Padre.
Este tema de la oración, ciertamente da para mucho; y en el camino me he topado con diferentes puntos de vista, que sin juzgar si están bien o están mal, lo comento a continuación.
Hay quien dice que para hablar con Dios, no hacen falta demasiados formulismos, que con decir “Hola” ya se ha entablado un dialogo. Te dicen que sólo expongas lo que sientes y lo que piensas y que Dios siempre escuchará. No lo dudo. Porque Dios escucha aunque no hablemos.
Y por otro lado, están aquellos que recomiendan hacer todo un ambiente para entablar la comunicación con Dios. Relajarse, poner la mente en blanco, leer tal vez un fragmento de la Escritura, meditar en ella, escuchar lo que Dios me quiere decir, reflexionar sobre qué puntos de mi vida toca esa Palabra, etc.
Lo más común es que la mayoría de las personas pretextamos que no tenemos tiempo para todas esas cosas y que basta y sobra con decirle a Dios “gracias por este día, acompáñame y bendíceme” o algo por el estilo.
Yo he probado los dos métodos y hoy por hoy, estoy retomando el segundo. En mi caso, el tiempo no es pretexto: lo tengo de sobra mientras mis niñas están en la escuela.
Y practicando esta manera de hacer oración me he recordado de unos pensamientos de Santa Teresa acerca de esto mismo que me han servido de mucho en el pasado y retomo ahora en estos días:
Dice Santa Teresa que aquellos que nos decidimos a hacer oración debemos a hacer de cuenta que tenemos un huerto al que hay que regar y cuidar para que Dios tenga placer en venir a recrearse.
Para regar este huerto (con la oración) disponemos de 4 formas de hacerlo:
1.      Sacando agua del pozo.
Obviamente es el más difícil, el que lleva más trabajo, pero definitivamente es así como comenzamos a hacer la práctica de la oración. Con mas trabajos, con cosas que nos distraen, que nos interrumpen. Nos da flojera simplemente acercarnos al pozo, sacar un poquito de agua y llevarlo hasta el huerto. Si no perseveramos y nos esforzamos, lógicamente nuestro huerto se va a secar rápidamente.

2.      Ayudándonos con una noria:
Es un poco más fácil que lo anterior y por supuesto que se saca más agua. Esta parte la experimenté yo cuando, después de mucha práctica, podía, además de mantener una comunicación con mi Padre, sacar en claro muchas cosas que Él me pedía para mi vida diaria. Era cuando no me costaba mucho trabajo crearme el ambiente para poder entablar una conversación con Él.

3.      Con el agua de un río:
Aunque es mucho menos el trabajo que se realiza con la noria, alguno habrá que hacer para encaminar el agua. Quiere el Señor aquí ayudar al hortelano de manera, que casi él es el hortelano, y el que lo hace todo. Dice Santa Teresa que “El gusto, suavidad, y deleite es más sin comparación que lo pasado; es que da el agua de la gracia a la garganta a esta alma, que no pueda ya ir adelante, ni sabe cómo, ni tornar atrás”.
Se dice en esta fase que es Dios mismo quien toma ahora el oficio del hortelano y se dedica a regar con gracias a nuestra alma y espíritu.
“…es tanto el gozo, que parece algunas veces no queda un punto para acabar el ánima de salir de este cuerpo: ¡y qué venturosa muerte, sería!”


4.      Con el agua de lluvia:
“En toda la oración, y modos de ella, que queda dicho, alguna cosa trabaja el hortelano; aunque en estas postreras va el trabajo acompañado de tanta gloria, y consuelo del alma, que jamás querría salir de él; y así no se siente por trabajo, sino por gloria.”
A pesar de que esta agua viene del cielo y es pura gracia del Señor. No podríamos pensar que para ello dejara de hacer algún esfuerzo el hortelano, siempre ha de tener cuidado que cuando falte una agua, pues procurar la otra.
Recuerdo haber leído alguna vez que decía Santa Teresa que cuando logramos llegar a este nivel de oración, seremos capaces de entregarnos a la contemplación aún en medio de una plaza llena de gente y ruido.

Aunque esto me parezca muy lejano e inalcanzable, la realidad es que sólo Dios sabe hasta dónde podré avanzar en la práctica de la oración. Y sólo Él dará esa agua de la que nos habla Santa Teresa a Su entera voluntad.
Por lo pronto, me encuentro muy contenta y esperanzada, preparando el huerto y dispuesta a hacer el esfuerzo necesario para sacar esa agua del pozo profundo en el que se encuentre.

"La oración es el encuentro de la sed de 
Dios y de la sed del hombre"
San Agustín

Fuente: Obras de Santa Teresa  


TOV INICIO


El pasado martes 26 de enero comencé a asistir a los Talleres de Oración y Vida del Padre Ignacio Larrañaga. Es increíble, pero a pesar de haber sabido de ellos desde hace más de 20 años, hasta ahora se me ha presentado la oportunidad de poder asistir.
He recibido la invitación de mi parroquia y aunque el primer día se me ha olvidado asistir, comprobé con alivio que ese primer encuentro sólo fue para las indicaciones generales. Así que me apunté, me hice de todo el material y me dispuse a aprender y disfrutar.
Debo admitir, no sin cierta vergüenza, que hace muchos años puse de lado la invitación a estos talleres por causa de mi soberbia. Estaba tan entregada, tan contenta y tan realizada en mi grupo parroquial, que sentía que no había nada mejor que lo que yo tenía y lo que ya aprendía en este grupo. Y aunque en efecto mi grupo sentó las bases para lo poco de bueno que he hecho con mi vida, la realidad es que en aquellos momentos me cerré a muchas otras cosas que la Iglesia también me ofrecía en otros lugares. No me arrepiento, pero sí lo reconozco.
En fin, me he sentido tan bien con este Taller de Oración que me ha surgido la intención de llevar en esta bitácora, un seguimiento acerca de las cosas que aprendo, que siento, que vivo y que pienso durante mis sesiones o durante mis tareas para la casa: “Mi Sagrada Media Hora” en donde voy poniendo en práctica lo que aprendo en la sesión.
Espero no aburrir a los amigos que me visitan, pero también lo hago con la intención de llevar un registro extra, pues ya algunos conocen de mi falta de memoria  :-)